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OPINIóN


EDITORIAL

El Plan Atlanta, Lula y la intervención del PJ



Fecha: 11/04/2018   14:58  |  Cantidad de Lecturas: 4250

 

En el año 2012 y en un hotel de Atlanta, Estados Unidos, Luis Alberto Lacalle, expresidente de Uruguay, expresó que a los "comunistas" no se les podía ganar por la vía democrática




*Por Andrés Battistella

 

En el año 2012, un diputado de la República Dominicana, Manolo Pichardo, participó de una reunión en el hotel Marriot de Atlanta, Estados Unidos, donde convergieron distintos dirigentes políticos y expresidentes referenciados en la derecha latinoamericana. En ella, se discutió primordialmente como “barrer” con sus oponentes en los distintos países donde gobernaban expresiones de izquierda o progresistas.

 

Pichardo estuvo invitado a la misma casi de casualidad, como si en verdad quienes configuraron el convite no supieran que se trataba de un parlamentario más cercano a la idea de lo que por estos lares conocimos como “Patria Grande”, mucho más que a la intención de volver a regímenes pro-mercado.

 

En esa reunión de Atlanta, Pichardo escuchó a Luis Alberto Lacalle, expresidente de la República Oriental del Uruguay, decir “a estos comunistas no les podemos ganar por la vía democrática”. Entonces, dijo el propio Lacalle, el desgaste de esas figuras populares debía darse mediante la cooptación de los medios de comunicación y la persecución a través de la Justicia de los principales líderes latinoamericanos.

 

Alcanza con ver lo sucedido con Lula da Silva en Brasil para darse cuenta que la estrategia pergeñada en Atlanta se aplica y sigue aplicando, con sus distintos matices, en todos los países donde los gobiernos de corte popular ya tuvieron o tienen aún alguna posibilidad de gobernar. Un departamento triplex -del cual no se obtuvo ninguna prueba de que pertenezca al exmandatario, ni una sola- alcanzó para sacarlo de carrera y meterlo en la cárcel, siendo el candidato con mayor intención de voto. “Presunción de culpabilidad”, indicó, palabras más o menos, el juez Sergio Moro.

 

La intervención del Partido Justicialista en Argentina, hecho ocurrido este martes 10 de abril, no escapa a la lógica de este plan que, de hecho, ya se viene aplicando por el sur continental desde antes de las elecciones de 2015. Basta con ver las campañas mediáticas llevadas adelante por periodistas de primera línea, caso Jorge Lanata, que configuraban lisa y llanamente mentiras verosímiles sobre figuras del kirchnerismo: Miriam Quiroga, la secretaria de Néstor Kirchner que nunca lo fue; Máximo Kirchner y Nilda Garré, acusados de tener cuentas en el exterior que no existían, por nombrar solamente dos casos puestos en loop y en prime time. Parecía real. No lo era. Pero, ya sabemos, la desmentida no vende.

 

Esa es una pata: el desgaste mediático del Plan Atlanta. Siguiendo además los lineamientos del gurú electoral Jaime Durán Barba, también se apeló -por supuesto- a la Justicia para judicializar políticas económicas -tales como las que destituyeron a Dilma Rousseff en Brasil... Otra vez Brasil, el gigante continental-, así como también llevar a Comodoro Py las mentiras verosímiles de la televisión.

 

En este caso, el Moro fue Claudio Bonadio. Quien además mantuvo preso a Carlos Zannini, exsecretario de Legal y Técnica del kirchnerismo, y al dirigente social Luis D’Elía entre otros, con una barrabasada consistente en: Argentina está en guerra con Irán, y haber intentado llevar adelante un memorándum de entendimiento -que nunca entró en vigencia, porque no se refrendó en el Parlamento iraní- en el marco de la causa AMIA, constituye Traición a la Patria. Delito que también le fue imputado a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, y que no resiste el más mínimo argumento jurídico.

 

La jueza en lo electoral María Romilda Servini de Cubría -famosa por un caso de censura previa al comediante Tato Bores en 1992- decidió hacer lugar a una presentación de Carlos Acuña, triunviro de la CGT, para intervenir el Partido Justicialista y nombrar a la cabeza del mismo al inefable Luis Barrionuevo, de los gastronómicos, otrora envuelto en quemas de urnas en Catamarca y autor de la frase “hay que dejarse de robar al menos por dos años”.

 

Luis Barrionuevo que, además, es íntimo amigo de la familia Awada, familia política del Presidente de la Nación, Mauricio Macri. El fallo de Servini indica que la intervención se debe a que “afiliados al PJ participaron de elecciones por otros sellos”, como Unidad Ciudadana. Pues bien: el propio Carlos Acuña fue candidato por el espacio 1País, de Sergio Massa y por fuera del PJ. El mismo Barrionuevo, en sus declaraciones post-intervención, llama a incluir al exintendente de Tigre... Que por supuesto, desde su ruptura con el kirchnerismo participa por fuera del sello.

 

Es un capítulo más en el marco de la estrategia que comenzó a pergeñarse en Atlanta. Pero no es uno menor: se trata de la intervención al partido político opositor más representativo y popular de la Argentina, con el agregado del nombramiento de un aliado macrista al frente del mismo. A prácticamente un año de conocerse quiénes irán a disputarle el poder a Cambiemos mediante el voto.

 

Maniobras peligrosas, antidemocráticas y que no hacen más que correr el velo de lo que quisieron vendernos como transparencia institucional, y no es más que una nueva degradación. La mentira y la persecución nos dejan una vez más, como ya vimos varias veces en la historia de nuestro continente, ante una persecución de aquellos dirigentes que -aún con muchas equivocaciones- pretenden representar los intereses de los sectores populares de la sociedad.



Fuente:  11 de abril de 2018 (Andrés Battistella para Agencia de Noticias DERF)


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