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POLICIALES (ER)


Dura condena para un joven peón rural que mató a madre e hija en una chacra



Fecha: 10/10/2018   21:17


Nahuel Bettinsoli asesinó a golpes a Celeste y Lucía Brest tras una presunta discusión por una paga




 


Nunca se sabrá, a ciencia cierta, por qué Nahuel Bettinsoli asesinó a golpes a Celeste Argentina Brest, de 58 años, y su hija Lucía Alejandra Brest, de 27, las dueñas de la pequeña chacra donde hacía algunos trabajos. El 7 de junio hubo una discusión en el interior de la vivienda ubicada a unos kilómetros de San José de Feliciano, y una de las tantas versiones indicaba que era por una paga, pero nunca quedó claro. El joven, de 23 años, confesó el doble homicidio y mostró arrepentimiento desde el inicio, lo cual, sumado a las pruebas contundentes incorporadas a la causa derivaron en una condena de 20 años de prisión efectiva.
La sentencia la dio a conocer el lunes la jueza Cristina Lía Van Dembroucke, luego de presentarse el acuerdo de juicio abreviado al que arribaron el fiscal de Feliciano, Ricardo Temporetti, y el imputado, quien fue asistido por la defensa oficial.
En el primer tramo de la audiencia, el fiscal explicó los pormenores de la Investigación Penal Preparatoria en cuanto a las pruebas que fundamentan el acuerdo, tanto sobre el hecho como la calificación legal y la sanción. La magistrada analizó el legajo y decidió homologar el acuerdo y, de este modo, a cuatro meses del hecho, se llegó al final de la causa.
El hallazgo y la pesquisa
El 8 de junio un hombre llegó a la chacra de las Brest. Tenía que pagarle a Celeste el resto del dinero que le debía por la compra de unos animales y le llamaba la atención que no le atendiera el teléfono. Ese jueves a las 18.30, cuando entró a la vivienda, la encontró muerta y llamó a la Policía. El médico forense constató signos de violencia en la cabeza de la mujer, y enseguida se supo que se estaba ante un homicidio.
El fiscal Temporetti junto a investigadores y peritos de la Policía local comenzaron a trabajar en la escena del crimen, y la gran pregunta era dónde estaba Lucía, la hija de la fallecida. A las 2.30, rastrillando el campo bajo la helada, encontraron el cuerpo sin vida de la joven en un arroyo, a unos 200 metros de la casa.
Bettinsoli estuvo en la mira desde el principio. El hombre que encontró a la mujer dijo que el martes había visto en la finca al peón, con una actitud extraña. Además, hay otro testigo que lo ubica en la vivienda ese mismo día.
De inmediato se llevaron adelante tres allanamientos: en la casa de la abuela del joven, de su novia y de la abuela de la novia. Encontraron elementos que lo comprometen con el crimen, como prendas de vestir con manchas de sangre y una tarjeta de débito perteneciente a Celeste Brest, entre otras evidencias.
Una bombacha de campo y unas zapatillas fueron enviadas al Laboratorio de Genética Forense del STJ y el resultado análisis de la sangre que tenían esos elementos fue contundente: el ADN se correspondía con una de las víctimas.
Además, la Fiscalía reunió otros testigos de oídas, pero no menos importantes, quienes observaron y escucharon cosas que consolidan la acusación. La novia del joven dijo que el martes 6 de junio se había ido a trabajar a la chacra y que cuando regresó lo notó raro.
La discusión sobre la pena
Las partes coincidieron en que se trató del delito de Doble homicidio simple. Se descartaron todas las agravantes posibles que se estipulan en el Código Penal. Por eso, la pena debía estar en el margen de los ocho a los 25 años de prisión efectiva.
Por un lado valoraron que no había una relación de pareja del joven con alguna de las víctimas que acreditara un vínculo previo. Tampoco se demostró que haya mediado violencia de género como móvil del ataque. Ni siquiera hubo evidencias de que Bettinsoli las haya matado para ocultar otro delito, ni tampoco la alevosía (estado de indefensión de las víctimas) por actuar sobre seguro. De este modo, la prisión perpetua quedó fuera de las posibilidades de la sanción penal.
Al valorarse los atenuantes y agravantes en torno al hecho, se llegó a la conclusión de que la pena de 20 años (mucho más cerca del máximo que del mínimo para este delito) era la correcta para que el joven pague por lo que hizo.



Fuente:  10 de octubre de 2018 (UNO)








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